
Una noche en el Muro de las Lamentaciones
El Muro de las Lamentaciones, en el corazón de la Ciudad Vieja de Jerusalén, cambia de ambiente según la hora del día y el momento de la semana en que se visite. Durante el día recibe grupos de turistas y peregrinos que se acercan para fotografiarlo o rezar unos minutos, pero es al caer la noche, especialmente tras el fin del Sabbat, cuando el lugar muestra su carácter más intenso y vivido.
Qué es el Muro de las Lamentaciones
El muro es el resto conservado del muro de contención que rodeaba la explanada del Segundo Templo de Jerusalén, destruido por las tropas romanas en el año 70. Desde entonces, este fragmento se ha convertido en el lugar de oración más sagrado accesible para el judaísmo, ya que la explanada superior, donde se ubicaba el propio Templo, alberga hoy la Cúpula de la Roca y la mezquita de Al-Aqsa, bajo administración musulmana.
Las piedras del muro, de gran tamaño y erosionadas por los siglos, conservan una textura irregular llena de pequeñas grietas donde se acumulan miles de papeles con deseos y plegarias depositados por visitantes de todo el mundo. Esta imagen, junto con la de los devotos rezando frente al muro, es una de las más reconocibles de Jerusalén y de Israel en general.
El final del Sabbat, un momento distinto
El Sabbat judío comienza el viernes al atardecer y termina el sábado por la noche, con la salida de las estrellas como referencia tradicional para marcar su fin. Durante estas horas, buena parte de la vida cotidiana en los barrios más religiosos de Jerusalén se detiene, con comercios cerrados y transporte público reducido o inexistente en algunas zonas.
Cuando el Sabbat termina, la actividad se retoma de forma notable, y el Muro de las Lamentaciones suele recibir un aumento claro de visitantes y devotos que acuden a rezar tras el descanso semanal. Los cánticos, las oraciones en voz alta y el movimiento de la gente frente al muro crean un ambiente muy distinto al de las horas diurnas, más silencioso y recogido en comparación con la intensidad de ese momento concreto de la semana.
Los papelitos con deseos
Una de las tradiciones más conocidas asociadas al muro es la de escribir un deseo, una petición o una plegaria en un pequeño papel y depositarlo entre las grietas de las piedras. La costumbre está abierta tanto a devotos judíos como a visitantes de otras religiones o sin creencia religiosa concreta, y forma parte de la experiencia casi obligada de cualquiera que se acerque al lugar por primera vez.
Con el paso del tiempo, el espacio entre las piedras se llena de papeles acumulados, por lo que el personal encargado del recinto los retira de forma periódica, generalmente antes de las principales festividades judías, y los entierra en el Monte de los Olivos, siguiendo la tradición de no destruir textos que puedan contener el nombre de Dios.
Esta costumbre atrae cada año a miles de visitantes de todas las creencias, y no es raro ver a personas que llegan con el papel ya escrito de antemano, tras haberlo preparado en su alojamiento, o que se toman unos minutos frente al muro para redactarlo allí mismo. Sea cual sea la forma elegida, el gesto se repite con una intensidad especial en las horas de mayor afluencia, como ocurre justo después del final del Sabbat.
Rituales y presencia de rabinos
No es raro presenciar, especialmente en horas de mayor actividad como el final del Sabbat, la presencia de rabinos u otras figuras religiosas que se acercan a bendecir a grupos de fieles o a supervisar determinados rituales frente al muro. Estas escenas, aunque no siempre están dirigidas a los visitantes externos, pueden observarse desde una distancia respetuosa.
El espacio frente al muro está dividido en dos secciones separadas por una mampara, una para hombres y otra, más reducida, para mujeres, siguiendo la tradición ortodoxa que rige el funcionamiento del lugar. Esta división se mantiene también en los horarios de mayor afluencia, incluidas las noches del final del Sabbat.
Cómo comportarse durante la visita
El acceso al muro es libre y gratuito durante todo el año, aunque conviene tener en cuenta ciertas normas básicas de comportamiento. Se recomienda vestir con ropa discreta, cubriendo hombros y rodillas, y los hombres deben cubrirse la cabeza, para lo que suele haber kipás de cartón disponibles gratuitamente en la entrada para quienes no lleven la propia.
Al alejarse del muro tras haber estado frente a él, la tradición pide no dar la espalda directamente, sino retirarse caminando hacia atrás durante unos pasos antes de girarse. Es también un lugar donde conviene evitar comportamientos ruidosos o irrespetuosos, dado su carácter sagrado tanto para los devotos como para la memoria histórica del pueblo judío.
La explanada y su entorno
Frente al muro se extiende una amplia explanada que sirve tanto de espacio de oración como de punto de encuentro para grupos de visitantes y estudiantes que reciben explicaciones sobre la historia del lugar. Desde allí se puede ver, en un plano superior, la Cúpula de la Roca con su característica cubierta dorada, aunque el acceso a esa parte de la explanada está sujeto a horarios y restricciones específicas según la religión del visitante.
A un lado de la plaza se encuentran los túneles del Muro Occidental, que permiten recorrer bajo tierra buena parte de la longitud original del muro, mucho mayor que el tramo visible al aire libre. Esta visita, que suele requerir reserva previa y se realiza en grupos guiados, complementa bien la experiencia nocturna frente al muro, al mostrar la escala real de la construcción original del Segundo Templo.
Organizar la visita nocturna
La Ciudad Vieja de Jerusalén es fácilmente accesible a pie desde buena parte del centro moderno de la ciudad, y el acceso a la explanada del muro no requiere reserva previa. Para quienes planean coincidir con el final del Sabbat, conviene consultar de antemano el horario exacto de esa semana, ya que varía según la época del año.
Para quienes preparan un itinerario más amplio por Jerusalén e Israel, conviene revisar otras crónicas relacionadas en la categoría de Asia del blog, así como algunos consejos prácticos de viaje sobre horarios religiosos y normas de comportamiento en lugares sagrados de la región. Combinar esta visita nocturna con un recorrido diurno por la Ciudad Vieja permite comparar de primera mano el contraste entre ambos ambientes en un mismo espacio.