En un blog de viajes, la primera lección es que un viaje de varios meses se decide menos en el mapa que en el calendario. El monzón en el sur de Asia, el invierno austral en los Andes o la noche polar en el norte de Noruega marcan qué región conviene visitar en cada momento, y a partir de ahí se ordenan los países. Encadenar destinos vecinos por tierra suele salir más barato y deja ver más que saltar de capital en capital en avión.
El segundo filtro son los papeles. Algunos visados se piden antes de salir y otros se tramitan en ruta, en consulados de países vecinos; las rutas por tierra como el Transmongoliano obligan a planificar con más antelación que un viaje por el sudeste asiático. El seguro de viaje, las vacunas y las copias de los documentos se resuelven semanas antes de la salida.
Con la ruta y los trámites claros, el presupuesto se reparte en tres partidas: transporte entre países, día a día (alojamiento, comida, entradas) y un margen para imprevistos. La proporción cambia mucho según la región: en India o Indochina el día a día es barato y lo caro son los vuelos; en Rusia o Nueva Zelanda pesa sobre todo el desplazamiento.
Para seguir ese orden hay tres caminos: las rutas, que proponen itinerarios por región; los destinos, con cada país y sus artículos; y el cuaderno de viaje, con todas las guías reunidas. Las guías prácticas explican visados, presupuesto, salud y transporte paso a paso.