La parte asiática de Rusia se identifica casi siempre con Siberia, un territorio tan extenso que cruzarlo en tren, como se explica en la guía sobre cómo atravesar Siberia en tren, puede llevar varios días seguidos de trayecto. El lago Baikal, el más profundo y uno de los más antiguos del mundo, marca una de las paradas más esperadas de la ruta, con la ciudad de Irkutsk como punto de partida habitual para explorarlo, tal como recoge la entrada sobre Irkutsk y el lago Baikal.
Viajar por esta región en tren obliga a organizar bien la logística de comida, ya que los vagones restaurante no siempre cubren toda la ruta y muchos viajeros optan por llevar provisiones propias, una situación descrita en la guía sobre comer en Rusia con presupuesto de mochilero. El verano, entre junio y agosto, ofrece las temperaturas más manejables para esta parte del país, mientras que el invierno siberiano alcanza fríos extremos que solo interesan a quien busca específicamente esa experiencia.
El coste total de cruzar Siberia varía mucho según la clase de tren elegida y las paradas intermedias que se decidan hacer, un cálculo que se detalla en la guía sobre cuánto cuesta el Transiberiano-Transmongoliano.
Paisaje y escala del territorio
La parte asiática de Rusia impresiona sobre todo por su escala: bosques de taiga que se extienden sin apenas interrupción durante cientos de kilómetros, ríos enormes que cruzan la vía férrea y estaciones donde el tren se detiene el tiempo justo para estirar las piernas en el andén. Esa sensación de vacío contrasta con ciudades como Irkutsk, que conservan arquitectura de madera siberiana tradicional junto a edificios de la era soviética, y sirven de recordatorio de que la región, pese a su aislamiento aparente, mantiene una vida urbana propia bastante activa. Para quien viaja en las literas compartidas del tren, la convivencia con otros pasajeros locales suele convertirse en una de las partes más memorables del trayecto, más allá del paisaje que se ve por la ventana. Compartir un compartimento durante varios días facilita conversaciones y comidas improvisadas que rara vez se dan en otro tipo de transporte, y con frecuencia se convierten en el recuerdo más citado por quienes ya han completado la travesía.
El trayecto completo puede suponer varios días seguidos a bordo, dependiendo de las paradas intermedias elegidas; muchos viajeros dividen el recorrido en tramos con noches en ciudades como Irkutsk, algo que conviene confirmar con fuentes actualizadas antes de organizar el viaje.
Excursiones a la isla de Olkhón, paseos por la orilla y, en invierno, actividades sobre el hielo. Irkutsk funciona como base habitual para organizar la visita al lago, un detalle que suele marcar bastante la diferencia sobre el terreno.
El vagón restaurante no siempre cubre toda la ruta, así que muchos viajeros llevan provisiones propias o compran comida en los andenes durante las paradas más largas del trayecto, un aspecto que conviene revisar con calma antes de fijar el itinerario.
El verano, entre junio y agosto, con temperaturas mucho más manejables que el resto del año. El invierno siberiano alcanza fríos extremos poco recomendables salvo para quien busca esa experiencia concreta.
Principalmente de la clase de billete elegida y del número de paradas intermedias, ya que cada tramo se compra por separado y el alojamiento en cada parada se suma al presupuesto final.