El Transiberiano, junto con su variante el Transmongoliano, sigue siendo uno de los trayectos en tren más largos del mundo, y también uno de los que más planificación exige antes de subir al primer vagón. El recorrido suele empezar o terminar en Moscú, con paradas habituales en ciudades como Kazán y San Petersburgo antes de adentrarse en Siberia.
La variante mongola añade una parada en Ulán Bator antes de continuar hacia China, mientras que quien sigue la ruta clásica hacia el este suele detenerse en Irkutsk, junto al lago Baikal, una de las paradas más valoradas de todo el trayecto. Organizar bien la documentación resulta clave: tanto el visado ruso como los visados del Transmongoliano requieren gestión con antelación.
El presupuesto de todo el recorrido varía mucho según la clase de billete y el número de paradas elegidas, un cálculo que desarrolla en detalle la guía sobre cuánto cuesta el Transiberiano-Transmongoliano, mientras que la alimentación durante días seguidos de tren se resuelve mejor con algo de planificación previa.
Clases de billete y comodidad
El tren ofrece varias clases de billete, desde compartimentos con varias literas compartidas hasta cabinas de mayor categoría con más privacidad, una diferencia de precio que conviene sopesar según el presupuesto y el número de días seguidos que se pase a bordo. Los compartimentos compartidos suelen facilitar el contacto con otros pasajeros, tanto rusos como internacionales, lo que para muchos viajeros se convierte en una de las partes más recordadas de la experiencia, más allá del paisaje que se ve pasar por la ventana. Llevar ropa cómoda, algo de entretenimiento sin depender de conexión y provisiones suficientes para los tramos más largos entre paradas facilita bastante los días seguidos de tren que exige este tipo de recorrido.
Cuándo hacerlo
El verano, entre junio y agosto, concentra la mayoría de los viajes por ofrecer temperaturas más manejables en toda la ruta, aunque también supone más demanda y precios algo más altos que en temporada baja. Viajar en los meses de transición, como mayo o septiembre, permite encontrar un equilibrio entre clima razonable y menor afluencia, aunque conviene revisar con antelación las condiciones concretas de cada tramo antes de fijar fechas definitivas.
El Transiberiano cruza Rusia de oeste a este dentro del propio país, mientras que el Transmongoliano se desvía a la altura de Siberia para atravesar Mongolia antes de llegar a China.
Moscú, San Petersburgo o Kazán al inicio, Irkutsk junto al lago Baikal a mitad de trayecto, y Ulán Bator en la variante mongola, antes de continuar hacia el destino final del recorrido.
Puede suponer varios días seguidos a bordo si se hace sin paradas, aunque la mayoría de viajeros dividen el recorrido en tramos con noches en distintas ciudades a lo largo de la ruta.
El visado ruso es imprescindible, y quien opte por el Transmongoliano necesita además el de Mongolia y, si continúa hacia China, el correspondiente a ese país, todos gestionados con antelación.
El vagón restaurante no siempre cubre toda la ruta, así que conviene llevar provisiones propias o comprar en las paradas más largas, sobre todo en los tramos siberianos con menos estaciones.